Siempre quise ser mamá de una niña y cuando me embaracé, inmediatamente supe que iba a tener una hija y así fue, tengo muchas amigas que me cuentan que tener un niño es como conocer a tu verdadero príncipe azul, y que el amor entre mamá e hijo es único. La verdad es que no lo se, pero si puedo decirles cómo es ser mamá de una chiquita.

El universo de las niñas está lleno de ternura, detalles y sensibilidad, y es muy fácil generar un vínculo cercano con una hija, porque se pueden compartir muchas más cosas juntas por ser del mismo género: moda, peinados, princesas, juegos de té, etc. y todo esto, mientras tu chiquita te llena de cariño, besos y abrazos.

La verdad, es que al tener una niña, tienes una compañera para siempre, las niñas son más solidarias y apegadas a su mamá. Además, siempre quieren ser como tú, te miran y piensan que eres la mujer más hermosa, se ponen tus zapatos, tus collares y tu maquillaje y son tan cursis y coquetas, que a veces no entiendes ni de dónde lo sacaron.

También es verdad, que las niñas son más dramáticas y sensibles. Por eso mismo, puede llegar a preocuparte que sufran más, aunque al final, también tienen sus armas, son más ágiles y rápidas de mente que los niños y por lo tanto más manipuladoras y casi siempre consiguen todo lo que quieren.

Niño o niña, la verdad es que no importa. Tener un hijo es la mejor experiencia que existe, tus chiquitos te llenan de amor, te roban el corazón y la calma, y si, también te quitan el sueño. Pero, ¿Sabes qué? Al final del día, absolutamente todo vale la pena.

Fotos: Miguel de la Cruz

 

Jimena:

Vestido: RL

Botas: Givenchy

Cinturón: Gucci

Pulseras: Cartier 

Camila: 

Vestido: Zara

Zapatos: Charlotte Olympia